Todo empezó en una clase llamada «Cómo hacer (casi) cualquier cosa»
En 2011, Maxim Lobovsky, Natan Linder y David Cranor coincidieron en el célebre curso de fabricación digital del profesor Neil Gershenfeld en el MIT Center for Bits and Atoms. El problema que identificaron era claro: 10 millones de personas usaban software de diseño 3D, pero solo existían unas 30.000 impresoras profesionales instaladas en el mundo. Las máquinas SLA costaban entre 70.000 y 100.000 dólares.
La solución fue brillante: los láseres desarrollados para reproductores Blu-ray podían calibrarse para curar resina fotosensible con una precisión de 25 micras, igualando máquinas diez veces más caras. En septiembre de 2011, con 500.000 dólares de inversores como Mitch Kapor (cofundador de Lotus) y Joi Ito (director del MIT Media Lab), nació Formlabs en Somerville, Massachusetts.
2,5 horas para hacer historia en Kickstarter
El 26 de septiembre de 2012, Formlabs lanzó su campaña en Kickstarter con una meta de 100.000 dólares. Alcanzaron la meta en dos horas y media. En dos días superaron el millón. Cuando la campaña cerró, habían recaudado 2.945.885 dólares de 2.068 patrocinadores, convirtiéndose en el proyecto tecnológico más financiado en la historia de Kickstarter hasta ese momento.
De la Form 1 a la Form 4: cuatro generaciones de innovación
Dientes, joyas y cohetes: los mercados que transformó Formlabs
$2.000 millones y contando
La impresora 3D como herramienta universal
Lo que comenzó como un proyecto de tres estudiantes inconformes con el statu quo se convirtió en una revolución silenciosa. Formlabs no solo fabricó impresoras: creó una categoría entera. Antes de la Form 1, la impresión 3D profesional era privilegio de grandes corporaciones. Hoy, un dentista en Madrid, un joyero en Tokio o un ingeniero en São Paulo pueden producir piezas con calidad industrial desde su mesa de trabajo.
Chuck Hull inventó la estereolitografía en 1984. Tres décadas después, tres estudiantes del MIT la pusieron al alcance del mundo. Y la Form 4 con su motor LFD sugiere que lo mejor de esta historia aún está por escribirse.
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